Miramos aún más en el pasado

Cada vez que alguien mira al cielo a simple vista, mira al pasado: al pasado de otro objeto, no al propio. De hecho, cada vez que mira algo, incluso esa taza de café que tiene en frente, ve el pasado de ese algo. Generalmente, esos algos suelen estar bastante cerca y, en consecuencia, su pasado está aun más cerca, tan cerca que es presente.

En el cielo: observa a la Luna, la ve como era hace poco más de un segundo; observa al Sol, lo ve como era hace poco más de ocho minutos; observa un planeta, lo ve como era hace algunos minutos o algunas horas, dependiendo de cuál planeta y cuándo lo observa; observa una estrella fuera del Sistema Solar –o sea, cualquier estrella que no sea el Sol–, la ve como fue hace más de cuatro años. Hasta puede llegar a mirar cómo eran ciertas estrellas hace unos dos mil quinientos años, o puede disfrutar –sin mucho detalle– la Pequeña Nube de Magallanes hace doscientos mil años e incluso apreciar la belleza de hace dos millones y medio de años de la galaxia de Andrómeda; pero no mucho más. Para ver más cosas necesitamos binoculares, luego telescopios, que, como los ojos, tienen sus limitaciones.

Los telescopios permiten ver más en el pasado: el pasado de más cosas y cosas en un pasado más pasado.

Hubble eXtreme Deep Field
Hubble eXtreme Deep Field – Crédito: NASA; ESA; G. Illingworth, D. Magee, and P. Oesch, University of California, Santa Cruz; R. Bouwens, Leiden University; and the HUDF09 Team

A fines de septiembre, se publicó un nuevo Deep Field –Campo Profundo– del Hubble: el eXtreme Deep Field, una especie de renovación de otra imagen, el Ultra Deep Field.

Es una región tan pequeña del cielo, que casi no hay estrellas de nuestra Galaxia en ella; una región en es casi un décimo del tamaño de la Luna llena. Es una foto, compuesta de más de dos mil imágenes de la misma región cuidadosamente procesadas, llena de hermosas pequeñas galaxias con algunos detalles que no son tan relevantes frente a todos los puntitos del fondo: esa región del cielo fue observada principalmente para ver esos puntos que se pierden en el fondo.

Cada uno de ellos –prácticamente todos– son galaxias que ahora, quizás, son como la nuestra, pero tan alejadas que las vemos como si tuviesen unos pocos cientos de millones de años –pocos comparados con los miles de millones que tienen las galaxias y con la edad del universo–. Estudiarlas comprueba o refuta distintos modelos sobre el origen y evolución de las galaxias y del Universo que tratan de explicar, por ejemplo, por qué las galaxias espirales son espirales: por qué tienen brazos en forma de espiral.

Y por eso, ahora miramos aún más en el pasado: el pasado de aun más cosas y cosas en un pasado aún más pasado.

Y explicamos –o tratamos de explicar–.

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