A mi Luna

Querida Luna:

No me acuerdo muy bien cómo llegaste a mi lado, era muy joven y vivíamos una época muy complicada; sí recuerdo que empezamos con el pie izquierdo. Yo era una mala compañía: medio maleducada y ocupada sólo en mis asuntos; pero a pesar de eso, vos seguiste a mi lado.

A veces sos muy molesta. Me haces parecer más gorda de lo que soy y encima me tironeás para todos lados, a pesar de que te digo que me mareo. ¡Me volvés loca! Aunque no me puedo quejar, gracias a vos vivo más tranquila; las cicatrices en tu espalda son una prueba de tu enorme cariño.

De hecho, ahora que lo pienso, nunca me das la espalda. Siempre estás cuidándome, siempre estás mirándome. A mí al principio me daba vergüenza, pero de a poquitito me voy acostumbrando y no falta mucho para que pueda verte a los ojos sin ponerme nerviosa ni tener que darme la vuelta.

Sos hermosa y me encanta tu sonrisa.

Qué triste va a ser el día que te vayas, ¡me gustaría que no pase nunca! Pero sí, quizás debas irte y no puedo detenerte.

Espero el destino sea amable y que cuando seamos más grandes nos volvamos a encontrar, porque la verdad es que me gustaría terminar los días con mi amada, con aquella persona tan maravillosa con la que he pasado la mayor parte de mi vida; porque yo soy quien soy gracias a vos: gracias a mi Luna.

 

Con amor,
La Tierra.

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